Cinco décadas después de su formación inicial, el pianista Claudio Herrera volverá al escenario con un programa de música romántica: las *Consolaciones* de Franz Liszt; los *Valses núm. 9, Op. 69, núm. 1; núm. 7, Op. 64, núm. 2; y núm. 14, Op. póstumo*, de Frédéric Chopin; los *Impromptus, Op. 90, núms. 3 y 4*, de Franz Schubert; *Junio: Barcarola* y la *Romanza, Op. 5*, de Piotr Ilich Chaikovski; así como el *Nocturno, Op. 54, núm. 4*, y *Día de boda en Troldhaugen, Op. 65, núm. 6*, de Edvard Grieg.
Su preparación lo llevó a Francia, Italia y Ucrania, además de escenarios académicos en varios países. Entre los momentos que rememora están su presentación en el Weill Recital Hall del Carnegie Hall de Nueva York, con motivo de sus 30 años de carrera, su primera visita a China y una gira posterior por India con conciertos y clases magistrales. La docencia es, para él, parte esencial del oficio: ha formado a generaciones de pianistas y sostiene que la técnica permite comprender una partitura, pero no basta para ser intérprete, porque existe una dimensión que no se transmite por método. "Usted la tiene que sentir", dice a sus alumnos, a quienes busca dar herramientas para desarrollar una voz propia frente al piano.
En corto: El recital conmemorativo es organizado por la Secretaría de Cultura del Gobierno de México y el INBAL, a través de la Coordinación Nacional de Música y Ópera, el domingo 27 de septiembre a las 14 horas en el Museo José Luis Cuevas. Herrera mantiene, tras cinco décadas, el propósito de compartir la música con el público.