Ante la ausencia de huesos pélvicos —el principal diferenciador sexual en osteología—, las investigadoras Cristell Delesma Pérez y Abigail Reyes López estimaron el sexo de los cráneos por dimorfismos craneales: el ángulo del maxilar inferior, recto en hombres y curvo en mujeres, y la supraórbita ocular, pronunciada en masculinos y más tenue en femeninos. El recuento difundido por el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) arroja 83 individuos femeninos, 79 masculinos y tres casos sin identificación posible por su fragmentación.
El conjunto, localizado en 2012 dentro de una cueva, incluye 15 cráneos de infantes, huellas de corte en los restos de tres personas e indicios de cocción en los huesos y en la propia caverna: evidencia fotográfica de archivo muestra hollín en la techumbre, lo que apunta al ingreso con antorchas y a rituales que convertían la caverna en sitio de peregrinaje para pedimentos de lluvia. El rango de edad predominante es de jóvenes adultos de 25 a 35 años, con dos individuos de entre 55 y 70 años, por encima del promedio de vida de unas cuatro décadas en el área maya durante el Posclásico Temprano (900-1200 d.C.). Los restos, que se resguardan en el Laboratorio de Antropología Física del Centro INAH Chiapas, presentan buen estado de conservación —165 cráneos y 51 huesos largos, entre ellos un martillo del sistema auditivo de 8 o 9 milímetros—, además de modelado cefálico tabular erecto, ausencia de mandíbulas en la mayoría de los casos y retiro de dientes de los maxilares superiores.
Para el investigador Josuhé Lozada Toledo, el tzompantli pudo ser «una gran acumulación de ‘almas’ que se ofrecían a las deidades dentro de sitios sagrados, como eran las cuevas», pues en la cosmovisión mesoamericana el tonalli residía en la cabeza. El arqueólogo precisa que la temporalidad del sitio es anterior a la de los grandes altares del centro de México, erigidos en el Posclásico Tardío (1200-1521 d.C.), como el Huei Tzompantli de Tenochtitlan; la secretaria de Cultura, Claudia Curiel de Icaza, sostuvo por su parte que estudiar el sitio «con rigor nos acerca a su visión del mundo».
En corto: El tzompantli de Frontera Comalapa, hallado en 2012 dentro de una cueva, resguarda 165 cráneos y 51 huesos largos en el Laboratorio de Antropología Física del Centro INAH Chiapas; el INAH mantiene el análisis osteológico y aún no determina el sexo de tres cráneos fragmentados.