El sistema binario DQ Tau, ubicado en la región de Tauro a 196 pársecs, ha sido objeto de una campaña de monitoreo sin precedentes durante 40 días con siete instrumentos en tierra y espacio. Los resultados, publicados en arXiv, muestran que el gas molecular en la cavidad interna del disco protoplanetario responde a la dinámica orbital y no a las variaciones químicas inducidas por los brotes de acreción. Las observaciones combinaron nueve épocas del instrumento MIRI a bordo del JWST y nueve del espectrógrafo iSHELL en el telescopio IRTF, cubriendo tres brotes secuenciales de acreción con pulsos de luminosidad que aumentaron entre 9 y 80 veces.
El hallazgo central es la medición del ensanchamiento de las líneas de CO y H2O, que permitió estimar radios keplerianos y su variabilidad en paralelo a la luminosidad de las líneas. Los datos muestran que la luminosidad y el ancho de todas las trazas de gas molecular caliente disminuyen en un lapso de 30 a 35 días, consistente con una región emisora que se enfría y pierde masa al alejarse hacia radios mayores dentro de la cavidad interna de 0.2 a 0.4 unidades astronómicas. Este comportamiento se diferencia del hidrógeno neutro y del continuo de 5 micrómetros, que sí reaccionan de inmediato a cada brote. El espectro molecular infrarrojo de DQ Tau está más afectado por la dinámica del disco que por cambios químicos, lo que respalda modelos con tiempos de relajación química mucho mayores que la duración de los brotes (más de 10 días). La variabilidad observada es compatible con un escenario en el que la masa de gas se acumula cerca del borde del disco y modula la intensidad pico de los brotes cada cuatro o cinco periodos orbitales, aunque el origen de esta modulación aún no está claro.
En corto: La campaña coordinada con MIRI y iSHELL revela que el gas molecular en la cavidad interna de DQ Tau varía por la dinámica del disco y no por la química de los brotes de acreción, con una modulación que se repite cada cuatro o cinco órbitas. El estudio, liderado por Jacob Hyden y Andrea Banzatti de la Texas State University, se basa en 18 épocas de observación y abre una vía para entender la evolución química en discos protoplanetarios.