La exposición Aztlán, túnel del tiempo, la primera revisión amplia del arte chicano que se presenta en el Museo del Palacio de Bellas Artes, entra en su recta final y cerrará el 27 de septiembre después de haber recibido más de 360 mil visitantes desde su inauguración el 25 de marzo. Para la secretaria de Cultura federal, Claudia Curiel de Icaza, esa cifra da cuenta del interés del público por las historias de las comunidades chicanas, y sostuvo que el conjunto permite entender cómo la identidad, la memoria y la pertenencia trascienden las fronteras.
El montaje reúne más de 70 obras de 33 artistas y colectivos radicados principalmente en Los Ángeles, y aborda temas como migración, memoria, territorio, identidad y resistencia, además de los cruces culturales entre México y Estados Unidos. Curada por Rubén Ortiz-Torres, Jesse Lerner y Joshua Sánchez, con la asesoría de Rita González, la muestra se articula en cuatro ejes —East Side Stories, Varrio, Desmuralismos y Transtemporalidades. Lowriding con los dioses— que recorren distintas generaciones, prácticas y formas de representación del arte chicano.
Alrededor de la exposición, el museo desplegó un programa público que atendió a 5 mil 239 personas con talleres, conversatorios y un club de lectura, e incluyó el Encuentro Internacional de Arte Chicano, una rodada y exhibición de autos lowrider y, en colaboración con la Cineteca Nacional, un ciclo de 30 obras provenientes de 28 archivos, instituciones y cineastas. El balance deja una escena artística que el recinto capitalino no había revisado con esta amplitud, en un momento en que el debate migratorio entre ambos países sigue vigente.
En corto: Quien quiera recorrerla tiene hasta el 27 de septiembre en el Palacio de Bellas Artes, así que se trata de una de las últimas oportunidades para ver en México un conjunto que conecta identidad, migración y memoria con la conversación cultural y política que hoy se libra entre México y Estados Unidos.

