La figura de Cuauhtémoc Cárdenas ha generado una profunda lealtad entre las bases populares, pero también severos cuestionamientos por parte de adversarios, analistas y antiguos aliados. Su trayectoria política, marcada por la ruptura con el PRI en 1987 y la fundación del PRD, lo convirtió en un referente de la izquierda mexicana, aunque su legado sigue siendo objeto de debate.
Entre sus aciertos se destaca su conducta ante el poder. Tras las denuncias de fraude electoral en 1988, optó por movilizaciones pacíficas y evitó convocar a la resistencia armada, canalizando la inconformidad hacia la creación de instituciones y partidos. Su gobierno en el Distrito Federal (1997-1999) se caracterizó por la austeridad, la eliminación de la represión contra marchas en el Zócalo, la auditoría a la gestión anterior y la implementación de programas sociales como los Centros de Atención Integral para Mujeres y el transporte eléctrico gratuito para adultos mayores.
Sin embargo, las críticas también son documentadas. Se le reprocha haber desarrollado 25 años de carrera dentro del PRI antes de romper con el sistema. Su gestión en la capital enfrentó problemas de inseguridad y contaminación, y el asesinato de Paco Stanley en 1999 detonó una crisis mediática y una investigación judicial que terminó sin condenados.
En el ámbito electoral, su capacidad de convocatoria fue notable, pero su rigidez televisiva y su desempeño en el debate presidencial de 1994, donde fue superado por Diego Fernández de Cevallos, marcaron un punto de inflexión. También sufrió el desgaste interno del PRD y reconoció errores en alianzas pasadas.
Pese a las sombras, incluso adversarios históricos como Vicente Fox, Felipe Calderón y Enrique Peña Nieto reconocieron su firmeza de convicciones y su contribución a la apertura democrática. Su legado, por tanto, es un reflejo de claroscuros que marcaron la transición política mexicana.